El Salvador desembolsará más de $1,300 millones en concepto de intereses por su deuda pública durante el año 2025: un examen detallado y estimaciones futuras
El gobierno de El Salvador destinó más de $1,300 millones al pago de intereses de su deuda pública durante los primeros nueve meses de 2025, superando la inversión en áreas clave del país. Este gasto creciente genera preocupación sobre la sostenibilidad fiscal y el manejo de las finanzas públicas en el corto y mediano plazo.
Entre enero y septiembre de 2025, el pago de intereses por la deuda pública alcanzó los $1,307.7 millones, según los datos oficiales del Banco Central de Reserva (BCR). Esta cifra representa un aumento del 6 % respecto al mismo periodo de 2024, cuando los intereses pagados sumaron $1,233.7 millones, es decir, $74 millones adicionales en apenas un año.
El servicio de la deuda, que incluye tanto el pago de intereses como la amortización de los préstamos, constituye una de las obligaciones más significativas del Estado, similar al pago de intereses de un crédito personal, pero a una escala mucho mayor. Este rubro presiona considerablemente las cuentas fiscales y, en 2025, superó incluso los recursos destinados a la inversión pública, que alcanzaron $1,180 millones en los primeros nueve meses.
Crecimiento del pago de intereses y su peso en el presupuesto
El Banco Central de Reserva (BCR) especifica que los desembolsos por concepto de intereses constituyeron el 17.9 % del total de ingresos y donaciones que el Tesoro de El Salvador obtuvo durante el lapso estudiado, los cuales superaron los $7,193.4 millones. En relación con el producto interno bruto (PIB), proyectado en $36,602.1 millones para el año 2025, esta erogación representa un 3.5 %, lo que subraya una considerable obligación financiera del Estado hacia sus prestamistas.
El anteproyecto del Presupuesto General de la Nación para 2026 anticipa que el servicio total de la deuda superará los $2,433.6 millones. De esta cifra, $926.1 millones corresponderán a obligaciones internas, mientras que $1,507.4 millones serán destinados a deuda externa. El documento proyecta que $1,504.2 millones se destinarán exclusivamente a intereses, y $929.3 millones a amortizaciones, consolidando la deuda como un componente central de la planificación fiscal del país.
El incremento constante en los desembolsos por intereses pone de manifiesto la relevancia de la deuda como un lastre inherente, que restringe la facultad del gobierno para destinar fondos a infraestructura, formación académica, servicios sanitarios y otras iniciativas esenciales. Anualmente, una porción creciente del presupuesto se destina a saldar compromisos financieros, lo que plantea retos en cuanto a la viabilidad económica y la administración prudente de los fondos estatales.
Perfil de la deuda pública y tasas de interés
El monto adeudado por el sector público no financiero (SPNF) excedió los $32,280.1 millones en septiembre de 2025, lo que representa el 88.2 % del Producto Interno Bruto. Esta cifra abarca los compromisos originados por el esquema de pensiones, pero no considera los pasivos de las entidades financieras, los cuales se contabilizan de forma independiente. La totalidad de la deuda estatal, al sumar ambos componentes, ascendió a $33,533.4 millones en el mismo lapso, evidenciando la envergadura de los compromisos económicos del gobierno.
Del total de la deuda del SPNF, el 57 % está colocado a tasas de interés entre 3 % y 8 %. Otro 19 % tiene un cupón de entre 8 % y 9 %, mientras que el 24 % restante devenga intereses superiores al 9 %. Esta estructura de tasas refleja la diversidad de instrumentos financieros contratados por el Estado, y el impacto que diferentes tipos de deuda tienen en los costos fiscales anuales.
En cuanto a los plazos, un 48 % de la deuda se liquidará en los próximos 10 años, un 34 % tiene vencimiento de entre 11 y 20 años, y un 18 % se extenderá por más de 20 años. Esta distribución temporal revela que casi la mitad de las obligaciones deberán atenderse en un horizonte relativamente corto, mientras que una porción significativa se mantiene a largo plazo, generando compromisos fiscales sostenidos por varias décadas.
Impacto en la inversión pública y sostenibilidad fiscal
El incremento en los desembolsos por intereses significa que una porción considerable de los fondos estatales no puede ser asignada a iniciativas sociales o proyectos de infraestructura, lo cual podría repercutir en el progreso económico nacional y en la habilidad del gobierno para ejecutar planes fundamentales. Al contrastar con la inversión estatal durante los primeros tres trimestres de 2025, se observa que el gobierno asignó mayores fondos al pago de la deuda que a obras de desarrollo, lo que resalta la envergadura de esta obligación económica.
Los expertos indican que sostener un volumen considerable de endeudamiento con cuotas de interés elevadas podría restringir la capacidad de maniobra del Estado frente a contingencias económicas, forzándolo a privilegiar el cumplimiento de compromisos financieros por encima de la inversión en programas sociales. La composición del pasivo, donde una porción importante se encuentra a tipos de interés que superan el 9 %, acentúa la susceptibilidad a fluctuaciones en las condiciones del mercado y a presiones inflacionarias.
Al planificar el presupuesto nacional para el año 2026, resulta fundamental encontrar un punto medio entre la gestión de la deuda y el fomento de áreas prioritarias. Esto asegurará que las obligaciones financieras no obstaculicen el desarrollo económico ni el bienestar ciudadano. Una administración cautelosa de la deuda, junto con una política fiscal sensata, es indispensable para asegurar la viabilidad a medio y largo plazo.
Análisis y sugerencias
Para 2026, se prevé que el servicio de la deuda siga siendo un componente central del presupuesto, con pagos que superan los $2,400 millones. La planificación y monitoreo constante de la deuda permitirán ajustar políticas y estrategias para evitar presiones excesivas sobre las finanzas públicas. Además, evaluar la estructura de tasas y plazos, junto con estrategias de refinanciamiento, podría optimizar los costos financieros y reducir la vulnerabilidad del país ante cambios económicos globales.
La consolidación de una política fiscal que combine sostenibilidad de la deuda con inversión estratégica en infraestructura, educación y salud será determinante para fortalecer el desarrollo del país y garantizar que los recursos públicos se utilicen de manera eficiente. La deuda es un instrumento necesario para financiar proyectos y cubrir déficits temporales, pero su manejo adecuado es esencial para preservar la estabilidad económica y fiscal a largo plazo.

